mamá, y mis pantalones
Estrés parental,  Padres

Mamá, ¿y mis pantalones?; mamá, ¿y mi camiseta?

Te levantas por la mañana, y lo oyes más de una vez: "mamá, ¿y mis pantalones?"

A veces te hace gracia; otras te enfada… Y otras sonríes porque te gusta estar siempre ahí, te gusta que te necesiten, y sobre todo, te gusta que ellos te lo pidan.

Te preguntas si en algún momento dejarán de pedirte, y sabes que entonces lo echarás de menos. 

Los hijos, siempre serán los hijos. Y siempre seremos sus madres. 

Es increíble, y no importa los años que tengan. Siempre te piden algo.

Pero a veces esto se convierte en un problema, o como suelo pensar ahora, en una situación que deseo cambiar. ¿Y por qué?

Bueno, a veces tantas preguntas y tantas peticiones te superan. Otras, nos damos cuenta de que los hijos no son tan autónomos como pensábamos, o como desearíamos, o que sus peticiones no están respetando nuestros espacios. 

Entonces es tiempo de cambiar esta situación. Y no sólo por nosotras, también por ellos.

Cuando son tantas las peticiones y demandas de los hijos que ya no se respeta nuestro tiempo, hemos de cambiar esta situación.
mamá, y mis pantalones

¿Qué podemos hacer para cambiar esta situación?

  • Reconoce que la cosa se te ha ido de las manos, acepta la situación y decídete a cambiar. Sí, toma la decisión de cambiar, porque lo primero es darse cuenta, pero si no decides cambiar, no servirá de nada. 
  •  Reflexiona honestamente sobre esto, porque aunque parece una nimiedad, no lo es. Si tú no te crees capaz de soltar, o no deseas soltar, no podrás soltar. Soltar implica que serás menos imprescindible, pero a cambio vivirás mejor y le darás a tu hijos los inicios de las riendas de su vida.
  • Confía en tu hijo. De verdad, confía en que él podrá hacerlo.
  • Evita compararle contigo, con su padre o con sus abuelos. Cuántas veces decimos: “si es que es igual que su padre, muy desordenado” o “es igual que yo, siempre me dejo algo”. Esto son disculpas que nos ponemos para no soltar. Estamos tratando de cambiar hábitos y conductas. Y estas se pueden cambiar. Con más o menos tiempo, pero se cambian.
  • Decide qué cambios deseas hacer, y establece una lista de prioridades. No podemos cambiar de un día para otro todos los hábitos de nuestros hijos, y tampoco los nuestros. Por eso es importante elegir una o dos, las que sean más urgentes, o más incómodas para la convivencia. Por ejemplo, si cada día tardáis en salir de casa porque la mochila no está lista y eres tú quien ha de preparar todo a última hora, pídele que sea TU HIJO quien prepare SUS cosas cada noche. 
  • Asume las consecuencias de tus decisiones. Sí, ceder autonomía a tu hijo implica que se equivoque, y que se olvide las cosas. Pero es así como se crece. Cuando tu hijo cometa errores, ten por seguro que no lo pasarás bien. Pero has de permanecer fuerte y acompañarle en su proceso de solución, pero no solucionárselo.
  • Ponte manos a la obra. Elige un día, y explícale claramente a tu hijo lo que él ha de hacer. De qué se va a hacer responsable y qué consecuencias tendrá para él.  
 

Soltar es un acto de generosidad hacia tu hijo. Se lo merece. 

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