Mindfulness en familia… ¿por qué no?

¿Qué es Mindfulness en familia?

Básicamente es compartir una serie de sesiones con una o varias familias, en las que se practica la atención plena y la meditación. 

El objetivo, y esto me gusta dejarlo claro, es aprender lo que es la atención plena, y comenzar a practicarla en casa, en familia o cada miembro por separado. 

Se trata de pasar unas horas disfrutando, estando Hoy y Ahora, Aquí, en lo que nos traiga ese tiempo compartido. 

¿Para qué familias es?

A mi me gusta decir que es para todo tipo de familia. Que es una actividad más, como si se decide ir en verano a clase de surf, o a hacer una excursión a la montaña. 

En este caso, una familia decide aprender a meditar, conocer lo que es la atención plena; del mismo modo que otra decide aprovechar los días de vacaciones para apuntarse a hacer surf.

Lo que ocurre es que la mayoría de las familias, al menos las que acuden a mi, lo hacen movidas por algo: o por dificultades de relación en la familia, o porque alguno de sus miembros presenta alguna dificultad, como problemas de atención, ansiedad, mutismo selectivo, entre otros.

Esto es normal, dado que muchas veces vendemos la práctica de mindfulness como una terapia… además una terapia que casi casi lo cura todo. Puedes leer lo que he escrito sobre esto en el blog de Un Bosque Tranquilo (La perversión de Mindfulness)

¿Qué se hace en las sesiones?

En las sesiones se introduce a la familia en lo que es Mindfulness, lo que es la meditación, y en cómo esto nos ayuda a disfrutar más de la vida, a estar más tranquilos, y a gestionar mejor nuestras emociones. 

Trabajo con cuentos, con pinturas, con música, con bailes… Hacemos visualizaciones, relajaciones y meditaciones. Expresamos cómo nos sentimos, lo que pensamos. Aprendemos a escuchar a nuestro cuerpo. Envío audios para que se practique en casa, y me adapto a las necesidades de cada familia.

Y siempre adaptado a las edades de los niños, especialmente de los más pequeños. En general suelo tener, además, reuniones con los padres, porque un adulto necesita más explicación que un niño; pero si explicas en la sesión en el nivel del adulto, el niño se pierde. De modo que por medio de skypes, mails o llamadas de teléfono, complementamos las sesiones.

He estado casi 20 años trabajando con niños con necesidades especiales y con sus familias, y me he formado como coach educativo, por lo que en muchas ocasiones combino mindfulness con educación emocional, o con preguntas que hacen reflexionar, o con puntos importantes en los que la familia ha de poner su foco de atención. 

 

¿Existen normas?

¡Por supuesto!

  • Cuando alguien habla, los demás han de escuchar. A veces me ayudo de un muñeco o de una pelota, que son los indicadores de quién está hablando, o a quién le toca hablar.
  • Cada uno únicamente habla “de lo suyo” (esta expresión se les queda muy dentro a los niños). No vale hablar de los demás, ni decir cosas como “yo me enfado cuando me pegan pero mamá se enfada…”. No, sólo de lo que le afecta a cada uno. Así nos hacemos responsables de nuestros sentimientos y no los lanzamos a los demás.
  • Si alguien no desea hacer alguna actividad, lo dice y se retira. No pasa nada, pero no interrumpe a quienes están realizando la práctica.
  • Los padres se sitúan al nivel de los hijos. Esto es muy importante: si un niño, por ejemplo, no se sienta, su padre no debe decirle nada. En todo caso es el facilitador, yo, quien interviene. No se trata tanto de mantenerse sentado, por ejemplo, como de darnos cuenta de por qué nos movemos, y de cuánto nos molesta, como padres, que nuestro hijo se mueva. Mindfulness es toma de consciencia de lo que nos ocurre dentro, y de lo que ocurre fuera. De modo que… en las sesiones, los padres pueden “relajarse” porque no tienen que hacer de padres.

Te animo a que pruebes una sesión

Cómo comienzo

Ayer te decía que comenzaras a meditar.  Así, como quien no quiere la cosa. Pero es cierto que si nunca lo has hecho, es un poco complicado, o al menos puede parecerlo. Te doy algunos consejos que pueden ayudarte. 

Primeros pasos: 

Te recomiendo que elijas un momento del día en el que puedas estar tranquilo: al llegar al trabajo; antes de despertar a los niños; al volver a casa; cuando ya has acostado a tus hijos; o cuando llegas a casa después de dejarlos en el cole.

Es decir, un momento que tengas para ti, a la misma hora, con la misma rutina. 

Observarás que al llegar el fin de semana, cuando tu rutina es diferente, o tus horarios cambian, se te ha olvidado. O si has tenido que viajar, y has dormido en otro lugar, también. Es normal. Y tampoco te agobies por eso. Si consigues, al menos a diario, practicar tus minutos de silencio, ya es mucho. 

Además de elegir un momento, hazlo siempre en el mismo lugar. Esto también contribuirá a alcanzar una rutina.

Simplemente siéntate, cómodamente, cierra los ojos si así te sientes cómoda, y comienza a prestar atención a tu respiración. Si prefieres, puedes dejar tus ojos abiertos, mirando un lugar fijo.

Puedes sentarte en una silla, o en un cojín en el suelo. Si nunca has practicado yo te recomendaría sentarte en una silla. Los pies apoyados en el suelo, la espalda recta pero relajada, y ya está: simplemente siente tu respiración.

Pero… también podemos ser más creativos:

– Al salir de la ducha, quédate 5 minutos en cuarto de baño, simplemente contigo.

– ¿Tienes que llegar al cole a recoger a tus hijos con tiempo, porque si no no tienes sitio para aparcar? Pues deja el whats app, y disfruta de tus 5 minutos.

– ¿Tu médico te hace esperar? Disfruta de tus 5 minutos.

– ¿Usas metro o autobús? Disfruta de tus 5 minutos.

–  ¿Vas caminando al trabajo? Disfruta de ese paseo. 

Todo esto también es meditación. Sólo busca un momento para ti.

 

Medita

 

Medita.

Ya sé que esto está de moda, y también sé que es fácil decirlo y un poco más complicado hacerlo.

Si eres de esas personas que siente que “está cansada de luchar”, que tiene la sensación de “estar luchando contra las olas cada día”, que “no puede más” o que a veces “desea desconectar su mente”, te recomiendo que lo pruebes.

Sí, ya sé que no tienes tiempo. Ya sé que “no sabes meditar” y que crees que “eres incapaz de hacerlo”. Las buenas noticias son:

Todos podemos meditar.

No hay meditadores buenos ni malos.

Puedes comenzar con 5 minutos cada día.

Te sorprendería saber cuántas personas a tu alrededor practican algún tipo de meditación. Y no son raras, ni tienen por qué ser budistas, o hippies, o alternativas.

Además, para meditar no es necesario sentarse en posición de loto, ni tener un cojín de meditación ni un incienso. Es tan sencillo como respirar. 

Si puedes respirar, puedes meditar. 

Prueba ahora: 

simplemente cierra los ojos, y siente tu respiración. Siente como entra el aire por tus fosas nasales, y siente como sale. Como entra, y como sale. Siente el aire más frío al entrar, y más cálido al salir. Observa si entra por un agujero de la nariz, o por ambos. Permanece así, respirando, unas 10 o 20 veces, o durante 5 minutos. O más fácil: con un temporizador colócalo para que te avise al cabo de un minuto, y cuenta las veces que has tomado aire y las que lo has soltado.

 ¿Te ha dado tiempo? ¿Has podido? Estoy segura de que sí. Pues que sepas que has comenzado tu práctica de la meditación.

Meditar no es dejar la mente en blanco, ni dejar de pensar. Por eso, para comenzar, es importante que sepas que si eres capaz de seguir tu respiración, aunque sean 2 o 3 veces, puedes meditar. 

Y respecto al tiempo… sé que a veces es complicado pero… ¿de verdad no dispones de 2 o 3 minutos al día para sentir tu respiración?

 

 

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