“Patricia, mi hijo no tiene amigos”.
Es una de las frases que más escucho en consulta. Detrás de ella suele haber una mezcla de preocupación, tristeza, frustración e incluso culpa. Como madre o padre, es normal que aparezcan preguntas: ¿qué le pasa a mi hijo?, ¿por qué no logra encajar?, ¿qué puedo hacer para ayudarle?
La infancia y la adolescencia son etapas donde las amistades tienen un papel fundamental. A través de ellas, los niños y adolescentes aprenden a compartir, a resolver conflictos, a desarrollar empatía y a sentirse parte de un grupo. Por eso, cuando tu hijo se queda solo en el recreo, evita los cumpleaños o te dice “nadie me quiere” o “quiero dejar de ser el rarito de la clase”, la alarma emocional se enciende en casa y tú te quedas destrozada.
En este artículo quiero acompañarte a entender las posibles causas, qué señales conviene observar y, sobre todo, qué puedes hacer para apoyarle a él, y para apoyarte a ti; porque no se trata solo de que “tenga amigos”, sino de que aprenda a relacionarse de una manera sana, respetuosa y segura de sí mismo y de que, a la vez, tú seas capaz de acompañarlo a pesar del dolor que tú misma sientes.
¿Por qué mi hijo no tiene amigos?
Cada niño y adolescente es único, y las razones varían según su etapa de desarrollo, su carácter y sus experiencias. Estas son algunas de las causas más frecuentes:
Etapas del desarrollo
En ciertas edades, no tener muchos amigos no significa un problema real. En los primeros años escolares, algunos niños todavía están aprendiendo a compartir y a participar en juegos grupales. A veces basta con darles tiempo y oportunidades para madurar. Unos chicos se desarrollan antes que otros, y es relativamente habitual que en los primeros años de la ESO o incluso últimos de primaria, algunos chicos, especialmente algunas niñas, se desarrollen antes y se separen un poco de las que fueron sus amigas del alma. Del mismo modo, si tu hija es más infantil, o a tu hijo aún no le atraen los temas de adolescentes, puede ser que tenga unos años en los que no encuentra su sitio.
Timidez o inseguridad
Hay niños que son naturalmente más reservados y les cuesta dar el primer paso para acercarse a los demás. Esa timidez puede hacer que se queden al margen en juegos, deportes o actividades de grupo.
Dificultades emocionales o baja autoestima
Cuando un niño piensa “soy raro” o “nadie va a querer jugar conmigo”, esa inseguridad interna se refleja en su manera de relacionarse. La baja autoestima frena sus intentos de conexión. A veces uno no sigue los estándares y, si bien las cosas van cambiando, aún es difícil encajar para un chico que no le gusta el fútbol, y le gusta el ajedrez; o para una chica que le interesan los comics o el animé.
Problemas en la comunicación o habilidades sociales
No todos los niños saben cómo iniciar una conversación, integrarse en un grupo o mantener un juego compartido. Las habilidades sociales no siempre nacen solas: se aprenden, y muchas veces necesitan ser entrenadas. Niños con altas capacidades, en el espectro autista o con TDAH o TEL en muchas ocasiones tienen dificultades para conectar con otros. Por tanto, la neurodivergencia es, en muchas ocasiones, un signo de alarma.
Experiencias de rechazo o bullying
Haber vivido burlas, exclusión o bullying deja huella. El miedo a volver a ser rechazado puede llevar al niño a aislarse y evitar nuevas interacciones. Es importante tener en cuenta también que se puede dar la circunstancia de que el que ha sido objeto de burla, al cambiarse de colegio, se convierta en el protagonista del abuso. Esto se debe a que se protege para que no le vuelva a ocurrir, y repite lo que han hecho con él.

Señales de alarma que debemos tener en cuenta
Que un niño no tenga muchos amigos no siempre es motivo de preocupación. Pero sí conviene prestar atención cuando aparecen estas señales, porque a veces vemos síntomas pero no sabemos a qué apuntan:
- Se aísla constantemente, incluso cuando hay oportunidades de relacionarse.
- Excesivo refugio en redes sociales, video juegos o tecnología en general, que hace que nos relacionemos desde otro lugar y se crea “amigos” virtuales que suplen sus necesidades de socialización.
- Expresa frases de desvalorización: “nadie me quiere”, “soy raro”, “nadie quiere jugar conmigo”.
- Presenta cambios de humor, tristeza o irritabilidad, sobre todo después de estar con otros niños o adolescentes.
- Evita actividades grupales: rechaza cumpleaños, excursiones, deportes o juegos.
Como madre o padre, sé lo doloroso que es ver a tu hijo sufrir. Lo importante es no ignorar estas señales: son un aviso de que necesita acompañamiento emocional y social.
Qué hacer si mi hijo no tiene amigos
Aquí tienes algunas pautas prácticas que pueden marcar la diferencia:
Escucha activa y validación emocional
Permite que tu hijo exprese lo que siente sin minimizarlo (“ya encontrarás amigos”) ni juzgarlo (“es tu culpa por no hablar”). Validar su dolor le ayuda a sentirse comprendido y apoyado. Debemos validar estas sensaciones y comunicaciones, y evitar comentarios como “no digas eso, si caes fenomenal”.
Fomentar actividades extracurriculares
El deporte, la música, el arte o el teatro ofrecen entornos más reducidos y seguros donde conocer a otros niños y adolescentes con intereses comunes.
Mindfulness en familia para reducir la ansiedad social
La práctica de mindfulness ayuda a los niños y adolescentes a manejar la ansiedad, el miedo al rechazo y la inseguridad. También beneficia a madres y padres, que aprenden a acompañar desde la calma.
Acompañamiento terapéutico para adolescentes
La adolescencia es clave en la construcción de la identidad. La terapia les ofrece un espacio de confianza donde reforzar su autoestima y entrenar habilidades sociales.
Círculo de mujeres: apoyo para madres
Acompañar a un hijo que se siente solo puede ser desgastante. En un círculo de madres puedes compartir experiencias, sentirte comprendida y aprender nuevas herramientas para sostener mejor a tu hijo.
Cómo ayuda la terapia en estas situaciones
En consulta he acompañado a muchas familias que llegaban con la preocupación de que su hijo no tenía amigos. Con el acompañamiento adecuado, los niños logran abrirse, ganar seguridad y construir vínculos sanos.
- Terapia familiar: mejora la comunicación en casa y refuerza los vínculos.
- Terapia para adolescentes: ayuda a trabajar autoestima, gestión emocional y habilidades sociales.
- Mindfulness para madres y padres: reduce la ansiedad y la culpa, fomentando una crianza más consciente.
- Círculo de mujeres: un espacio seguro para compartir, desahogarse y encontrar fuerza en la compañía de otras madres.

Cuándo buscar ayuda profesional
Es recomendable dar un paso más cuando:
- El aislamiento es prolongado en el tiempo.
- Aparecen síntomas de tristeza intensa, ansiedad o baja autoestima.
- La situación interfiere en su rendimiento escolar o en la convivencia familiar.
- Como madre o padre sientes que ya no sabes cómo ayudarle.
Buscar ayuda no significa fracasar, sino ofrecer a tu hijo nuevas herramientas que marcarán la diferencia.
Ante la duda: consulta
Que tu hijo no tenga amigos hoy no significa que no pueda construir relaciones valiosas mañana. Las habilidades sociales se aprenden, la autoestima se fortalece y las heridas emocionales pueden sanar con el acompañamiento adecuado.
Si estás viviendo esta situación, quiero que sepas que no tienes por qué afrontarla sola. En mi consulta encontrarás un espacio de confianza para ti y para tu hijo. Ya sea a través de terapia familiar, terapia para adolescentes, mindfulness o el círculo de mujeres, podemos trabajar juntos para que tu hijo se sienta seguro, capaz y preparado para construir amistades sanas y duraderas.